Arte cotidiano

Arte cotidiano


Hay un momento, perdido en el pasado en el que la humanidad empezó a utilizar utensilios varios para cocinar o para sostener los alimentos. De esos comienzos, y gracias a la inventiva humana, se pensó, se desarrolló, la cerámica. Fuera por aburrimiento, o por distinguir lo propio de lo del vecino, el caso es que fueron poniendo elementos distintivos: un color, un dibujo, una incisión… Y les gustó.

Eso generaría la imperiosa necesidad de procurarse una cerámica chula para el disfrute.

En un pis-pas se pusieron a ello, añadiendo motivos al barro. Los más habilidosos recibieron encargos: el o la alfarer@. Con el tiempo surgieron los especialistas: unos imaginando, otros plasmando el diseño. Desde entonces comemos acompañados de color y dibujo.

Cuando la cosa pasó a mayores lo llamaron arte.

A veces no nos gusta, pero forma parte de nuestra vida. ¡Imaginad un mundo sin arte! Francamente, sería un mundo soso, como la comida sin sal.

Felipe Fernández Sánchez (blog Inverosimil Felipe)